Apagón regional
Servicios de Internet
Chittagong
Las restricciones a Internet impuestas en los campamentos de Teknaf y Ukhiya, en Cox’s Bazar, limitaron las comunicaciones y el acceso a la información de casi un millón de refugiados rohingya, e impidieron que las organizaciones humanitarias y de ayuda prestaran asistencia, incluidos los servicios de emergencia, a quienes residían en los campamentos. Un trabajador humanitario, en declaraciones a Human Rights Watch, señaló que el bloqueo les impidió comunicarse con los refugiados para coordinar reparaciones de emergencia en las infraestructuras durante la temporada del monzón. El bloqueo se prolongó hasta el inicio de la pandemia de COVID-19. Una carta abierta firmada por 50 organizaciones humanitarias y dirigida al Gobierno de Bangladés señalaba que dicho bloqueo limitaba la capacidad de los grupos de ayuda para coordinar medidas preventivas, facilitar información sobre el coronavirus a los refugiados, derivar a los pacientes a centros de aislamiento y llevar a cabo el «rastreo de contactos» para evitar su propagación —actividades que resultan lentas y que entrañan un mayor riesgo de exposición al virus si se realizan en persona—. Los trabajadores humanitarios, los voluntarios sanitarios y los líderes comunitarios dependen de WhatsApp para comunicarse con los refugiados y mantenerse informados entre ellos. El bloqueo de Internet había impedido una intervención oportuna para detener la propagación del sarampión en los campamentos en enero de 2020, lo que provocó la muerte de una docena de niños. Asimismo, ha impedido que los refugiados se comuniquen y reciban noticias sobre la situación en el estado de Rakhine de sus seres queridos que aún se encuentran en Myanmar.
Impacto local
Las restricciones a Internet impuestas en los campamentos de Teknaf y Ukhiya, en Cox’s Bazar, limitaron las comunicaciones y el acceso a la información de casi un millón de refugiados rohingya, e impidieron que las organizaciones humanitarias y de ayuda prestaran asistencia, incluidos los servicios de emergencia, a quienes residían en los campamentos. Un trabajador humanitario, en declaraciones a Human Rights Watch, señaló que el bloqueo les impidió comunicarse con los refugiados para coordinar reparaciones de emergencia en las infraestructuras durante la temporada del monzón. El bloqueo se prolongó hasta el inicio de la pandemia de COVID-19. Una carta abierta firmada por 50 organizaciones humanitarias y dirigida al Gobierno de Bangladés señalaba que dicho bloqueo limitaba la capacidad de los grupos de ayuda para coordinar medidas preventivas, facilitar información sobre el coronavirus a los refugiados, derivar a los pacientes a centros de aislamiento y llevar a cabo el «rastreo de contactos» para evitar su propagación —actividades que resultan lentas y que entrañan un mayor riesgo de exposición al virus si se realizan en persona—. Los trabajadores humanitarios, los voluntarios sanitarios y los líderes comunitarios dependen de WhatsApp para comunicarse con los refugiados y mantenerse informados entre ellos. El bloqueo de Internet había impedido una intervención oportuna para detener la propagación del sarampión en los campamentos en enero de 2020, lo que provocó la muerte de una docena de niños. Asimismo, ha impedido que los refugiados se comuniquen y reciban noticias sobre la situación en el estado de Rakhine de sus seres queridos que aún se encuentran en Myanmar.
Otra información complementaria
Resulta difícil evaluar el impacto de los cortes de Internet a nivel local o regional, ya que la mayoría de los análisis se realizan a escala nacional. Más información.
