Fotografía de montones de monedas

Cómo la guerra transformó Internet en Irán en un sistema por niveles y monetizado

Photo of Imad Payande
Categorías:

Desde finales de febrero de 2026, se ha desarrollado en toda la región un enfrentamiento militar de 40 días entre Irán, Estados Unidos e Israel, tras una primera oleada de ataques aéreos que desencadenó un ciclo de represalias y repercusiones regionales más amplias. Como era de esperar, la atención se ha centrado en la seguridad y la geopolítica. Sin embargo, el conflicto también ha transformado algo menos visible: las infraestructuras que sustentan la conectividad.

Aproximadamente a mediodía del 28 de febrero, el acceso a Internet en Irán quedó prácticamente interrumpido para la mayoría de los usuarios. No por completo, ni para todos.

Lo que siguió no fue simplemente una situación de desconexión, sino una reorganización de la red en un sistema por capas en el que las limitaciones infraestructurales, los mecanismos económicos y los controles institucionales mediaban de forma diferenciada la conectividad.

Este análisis se basa en diez entrevistas en profundidad realizadas a empresarios, operadores técnicos y usuarios habituales de Internet en Irán, llevadas a cabo durante el reciente conflicto e inmediatamente después del mismo. Estas entrevistas se complementan con una observación participante de las prácticas de conectividad, la dinámica de los precios y el comportamiento de los usuarios en situaciones de interrupción del servicio. Aunque no son exhaustivos, los resultados ofrecen una visión fundamentada de cómo funciona en la práctica la gobernanza de Internet en situaciones de crisis.

El conflicto en sí se caracterizó por una combinación de restricciones en la red, cortes parciales y un cambio temporal hacia la red nacional de información de Irán. Aunque la conectividad global no se interrumpió de manera uniforme, el acceso a las plataformas y servicios internacionales se volvió muy inestable, se distribuyó de forma desigual y, en muchos casos, resultó totalmente inaccesible para la población en general.

No lo considere tanto como un cierre, sino más bien como una reconfiguración sistémica. Lo que se fue configurando fue un régimen de conectividad con múltiples niveles y gran fricción; un régimen en el que el acceso se asigna de forma selectiva, se tarifica a través de canales tanto formales como informales y se gestiona mediante una combinación en constante evolución de controles regulatorios y mercados paralelos.

La economía política del acceso

Uno de los cambios más inmediatos se produjo en el mercado de las VPN. Antes del conflicto, el acceso a las VPN en Irán era económico y estaba ampliamente disponible; por lo general, costaba menos de 2 dólares al mes, con algunas opciones que llegaban a costar entre 0,30 y 0,50 dólares. Durante la guerra, los precios se multiplicaron por 2 o por 2,5. Y lo que es más importante, la estructura del mercado cambió. Lo que había sido un ecosistema relativamente accesible se convirtió en un mercado negro fragmentado y opaco para la conectividad.

Esta transformación se extendió más allá de las herramientas convencionales de elusión, llegando a infraestructuras adyacentes. Internet por satélite —en particular, Starlink— se convirtió rápidamente en un bien escaso y de gran valor. Según se ha informado, el hardware que se vende al por menor por unos 550 dólares en los mercados vecinos se revendía en Irán a través de canales informales por hasta 2.000 dólares.

Las entrevistas realizadas a intermediarios locales indican que algunos agentes obtuvieron ingresos excepcionalmente elevados durante este periodo, lo que pone de relieve la magnitud de las oportunidades de búsqueda de rentas generadas por la escasez artificial y el acceso restringido.

El acceso en sí mismo también se volvió muy desigual. Durante las primeras una o dos semanas del conflicto, la conectividad, relativamente sin restricciones, parecía limitarse a grupos específicos —principalmente periodistas y personas vinculadas a instituciones—. Para el resto de la población, el acceso a Internet a nivel mundial era prácticamente inexistente.

A partir de la segunda semana, comenzaron a surgir vías informales. Entre ellas se encontraba la venta de «configuraciones», es decir, perfiles de conexión personalizados que permitían el acceso a Internet abierto. Estos servicios, que se difundían a través de redes de boca en boca, se basaban en protocolos y herramientas alternativos en lugar de en las VPN estándar, lo que sugiere una infraestructura subyacente diferente y, posiblemente, un número limitado de puertas de enlace controladas.

Los precios reflejaban una escasez extrema. Mientras que, antes del conflicto, los costes de elusión rondaban los 100 000 IRR por gigabyte, estas configuraciones se vendían a un precio de entre 4 000 000 y 7 000 000 de IRR por gigabyte, lo que supone un margen de beneficio de hasta 40 o 50 veces superior. En efecto, el acceso abierto a Internet se convirtió en un bien de lujo y racionado.

De un acceso desigual a una Internet por niveles

Paralelamente a estos mercados informales, surgieron modelos de acceso más institucionalizados. Los operadores de telecomunicaciones introdujeron tarjetas SIM restringidas en el marco de iniciativas a menudo denominadas «Pro Internet». Estas se ponían a disposición de usuarios seleccionados —como empresas e investigadores— mediante procesos de selección. Sin embargo, el acceso seguía limitado a un conjunto reducido de servicios, dando prioridad a la estabilidad frente a la apertura.

Un modelo paralelo, al que a veces se denomina«Internet blanco», ofrecía un acceso limitado tanto en cuanto a la ubicación como al tiempo a determinadas empresas, a menudo a través de afiliaciones institucionales como las cámaras de comercio. Estos mecanismos no restablecieron la conectividad abierta, sino que, por el contrario, formalizaron un sistema de acceso diferenciado.

Los datos procedentes de conjuntos de datos más amplios refuerzan estas observaciones. Según el último informe de la Asociación de Comercio Electrónico de la Cámara de Comercio de Teherán, aproximadamente el 82 % de los usuarios de Irán recurre a las VPN, lo que indica que la elusión de las restricciones es un fenómeno sistémico y no marginal. El informe señala asimismo que, durante el periodo de bloqueo, la reducción del uso general mejoró el rendimiento de la red para un subconjunto limitado de usuarios, lo que pone de manifiesto, en la práctica, la existencia de una Internet de dos velocidades.

A pesar de estas restricciones, la demanda de conectividad a escala mundial no ha disminuido. Por el contrario, se ha reorganizado. Los mercados informales se han expandido, las vías de acceso se han diversificado y los costes han aumentado considerablemente. El resultado no es una reducción del uso, sino un sistema de acceso más desigual y estratificado económicamente.

Este patrón no es exclusivo de Irán. De diversas formas, han surgido dinámicas similares en otros contextos en los que los gobiernos tratan de gestionar los flujos de información sin interrumpir por completo la conectividad. En lugar de recurrir exclusivamente a cortes totales, estos enfoques introducen formas graduales de restricción que se aplican a través de la infraestructura, la tarificación y el acceso selectivo, lo que permite ejercer un control sin llegar a una desconexión total.

Las repercusiones económicas ya son evidentes. El tráfico internacional de Internet sigue estando por debajo de los niveles previos al conflicto, lo que afecta a las empresas digitales, a las operaciones transfronterizas y al acceso a servicios esenciales. Han comenzado los despidos en sectores como el desarrollo de software, el marketing y las finanzas. Es probable que el coste económico global alcance cientos de billones de IRR al mes, si se tienen en cuenta la pérdida de productividad y la interrupción de la actividad empresarial.

Lea: «Rompiendo la red: cómo las sanciones están socavando el acceso de Irán a Internet»

En un plano más fundamental, estas dinámicas apuntan a un cambio estructural. Lo que está surgiendo es una Internet dual: una restringida, inestable y costosa para la mayoría, y otra a la que solo puede acceder de forma selectiva un grupo limitado de usuarios a través de canales formales o informales. A ello se suma la expansión de los mercados de búsqueda de rentas y una erosión gradual de la confianza en la infraestructura digital.

Desde el punto de vista de la gobernanza, el objetivo no es el control total. Se trata, más bien, de aumentar la resistencia, elevar el coste de acceso y segmentar la base de usuarios. Incluso ante la existencia generalizada de herramientas para eludir estas restricciones, dichas estrategias pueden moldear de manera eficaz los comportamientos y los flujos de información a gran escala.

En conjunto, estas dinámicas sugieren un cambio: se pasa de regular los flujos de información a nivel de las plataformas a regular la conectividad a nivel de las infraestructuras. En lugar de actuar como un instrumento de control indiscriminado, la disrupción opera mediante la reconfiguración de los sistemas subyacentes, transformando el acceso en una condición diferenciada y, a menudo, monetizada.

Table 1 — Crisis-driven transformation of Internet connectivity: Markets, access, and infrastructural governance.
Dimension Pre-Conflict During Conflict Structural Implication
VPN Market Cheap, accessible (<$2/month) 2–2.5x price increase; fragmented black market Monetization of access
Informal Access Limited relevance High-cost “configurations” (40–50x markup) Emergence of shadow connectivity markets
Access Distribution Broad but filtered Restricted to specific groups initially Institutionalized inequality
Formal Access Models Minimal “Pro Internet” SIMs, “white internet” Tiered and managed connectivity
Satellite Internet Marginal High-cost, criminalized, speculative market Scarcity-driven rent-seeking
Network Performance Congested Improved for a small subset De facto prioritization
User Behavior High VPN reliance Continued reliance, higher costs Normalization of circumvention
Economic Impact Stable digital activity Disruption, layoffs, reduced traffic System-wide economic strain
Governance Logic Platform filtering Network-level segmentation Shift to infrastructural control

En este sentido, el caso iraní ilustra una modalidad más amplia de lo que podría describirse como «gobernanza infraestructural»: un modo de control ejercido a través de la arquitectura técnica y económica de la propia red. En este contexto, el acceso no se limita simplemente a ser permitido o denegado, sino que se regula de forma continua a través de puntos de control escalonados, desde el enrutamiento y la provisión de acceso hasta la fijación de precios y las restricciones a nivel de protocolo.

Esta forma de gobernanza no elimina la conectividad, sino que la redistribuye. Y, al hacerlo, vuelve a situar a las infraestructuras como un ámbito central del poder político y económico, en el que la capacidad de configurar el acceso cobra tanta importancia como la capacidad de restringirlo.

El caso iraní pone de manifiesto un cambio más amplio en la forma en que puede regularse la conectividad digital en un contexto de inestabilidad geopolítica. A medida que los Estados se enfrentan a presiones cada vez mayores en materia de seguridad, control de la información y resiliencia de las infraestructuras, la gestión de Internet podría alejarse cada vez más de los modelos binarios de bloqueo y apertura para orientarse hacia formas diferenciadas de acceso. En este nuevo marco, la conectividad no se limita simplemente. Se reorganiza mediante sistemas por niveles de fijación de precios, establecimiento de prioridades y mediación selectiva.

La importancia de esta transformación va más allá de la mera censura o la gestión de crisis. El acceso a Internet se vuelve cada vez más condicional y estratificado, y viene determinado por la capacidad económica, la afiliación institucional y el privilegio técnico.

En este sentido, Internet empieza a parecerse a las infraestructuras de comunicaciones anteriores, en las que el acceso venía condicionado por privilegios institucionales y por diferencias en la capacidad técnica, en lugar de considerarse una capa de acceso universal.

La experiencia iraní no ofrece un modelo definitivo para el futuro de la gobernanza de Internet. Sin embargo, ilustra la rapidez con la que pueden reconfigurarse las infraestructuras digitales durante los períodos de conflicto, y cómo los mecanismos de gobernanza introducidos como respuestas temporales a una crisis pueden persistir mucho tiempo después de que la propia crisis haya pasado.

Adaptado de una entrada publicada originalmente en Internet Policy Review.

Imad Payande es investigador en materia de gobernanza digital en el Data for Governance Lab.

Las opiniones expresadas por los autores de esta entrada del blog son exclusivamente suyas y no reflejan necesariamente los puntos de vista de Internet Society.

Imagen de Kevin Schneider, de Pixabay

Etiquetas: