El coste del cierre de Internet
Aunque es posible que las pérdidas económicas a corto plazo no hayan sido demasiado elevadas (y puede que algunos actores las hayan exagerado), la cuestión más importante es el negocio a largo plazo y la confianza de los inversores de hacer negocios en un país en el que la percepción de impago económico ya ha mantenido a raya a los inversores.
Se puede ofrecer cierta simpatía a la decisión de las autoridades [pakistaníes] de degradar la conectividad digital para garantizar el control de la turba y la construcción de una narrativa, pero tal medida es, en el mejor de los casos, una táctica, no una estrategia, para desactivar la volatilidad política.
Internet es una necesidad en el mundo moderno y no se puede ignorar el impacto socioeconómico que tendría su cierre. La situación es que quienes están al timón del poder -en el gobierno o en otros organismos- siguen utilizando tácticas rancias para controlar a las masas cuando la mayoría ha nacido y crecido en la era de internet y de los medios sociales.
La cuestión más grave es que a nivel político la conectividad digital todavía se percibe como un privilegio que se puede quitar a voluntad, no como un derecho. En este contexto, para tranquilizar a la opinión pública y restablecer la confianza de los inversores digitales, es primordial que un gobierno establezca algunas reglas básicas sobre qué situaciones de aplicación de la ley/seguridad nacional justifican de forma creíble contingencias digitales como la actualmente en vigor.
